Te tengo atravesado en la cabeza. Como las espinas en la
corona de Cristo. Tallándome el pensamiento. Pensamiento que hace eco de tu
voz. Persistente, como todo lo
prohibido… lo que no debe ser.
Te tengo atravesado en la garganta. Repito tu nombre sin
darme cuenta. Me atraganto en “te quieros” que no te diré. Te tengo, mi amor,
en la punta de la lengua pero le apuesto a no dejarte salir.
Te tengo atravesado en el alma. Como todo lo que llega sin
previo aviso. Y te vas clavando cada vez más sin pretenderlo. Lo peor es que me
voy acostumbrando a tenerte ahí, tan adentro.
Me tienes atravesada la vida, mi amor, y no encuentro forma
de esquivarte. Quizá porque en el fondo
no quiero hacerlo aunque sé que llegará el día en que no tendré otra opción.
Porque me darás un abrazo y no querré soltarte, porque me
darás un beso rozando mis mejillas y yo moriré por comerte la boca. Porque
intentaré tomarte ignorando tus límites y saciar esta sed.
Tendré que huir de ti, de mí… tarde o temprano, tendré que
hacerlo.
A menos que… a menos, mi amor, que también tengas sed.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario